
Llevaba 3 horas allí metida con mis apuntes de Anatomía Radiológica y ya no podía más. Tenía todo el cuerpo cubierto de una fina película de sudor y necesitaba un descanso, así que levanté la vista y observé el panorama: había poca gente y dispersa, inmersa en un mar de folios.
Ya iba a volver a los apuntes cuando alguien llamó mi atención, se encontraba frente a mi, a 3 mesas. Era un chico moreno, parecía alto, atlético, atractivo y de manos fuertes. Como si notase que mis ojos estaban clavados en él , levantó la mirada y descubrí unos ojos negros observándome profundamente.
Tras sostenernos la mirada durante lo que me parecieron varios segundos, separó la silla en la que estaba sentado con cuidado y se levantó. Comenzó a caminar hacia mi sin apartar sus ojos de los míos.
Como hipnotizada, me levante a la vez que él llegaba a mi altura, alargó el brazo y me agarró la cara con delicadeza, acercando mis labios a los suyos.
Cerré los ojos y noté su lengua fresca y húmeda en mi boca, bailando con la mía, lenta y deliciosamente. Sus labios eran suaves y dulces. A la vez que me besaba iba apretando mi cuerpo contra el suyo con más fuerza, clavando su excitación bajo mi ombligo.
Sus grandes manos comenzaron a bajar hacia mis caderas y se posaron en mi trasero, el cual agarró repentinamente con fuerza sentándome a horcajadas sobre la mesa en la que minutos antes había estado estudiando.
Ambos sentimos una subida de adrenalina y comenzamos a besarnos con más pasión. Yo acariciaba su torso, pero su camiseta se me antojó demasiado gruesa para el tacto que deseaba tener de él, por lo que se la quité, quedando al descubierto unos pectorales marcados y unos abdominales perfectos cubiertos por una piel dorada y tentadoramente suave.
Comenzó a desnudarme con rapidez como si me hubiese leído el pensamiento y supiese que me ardía la ropa sobre la piel. Desabrochó mi sujetador con gran destreza usando solo una mano y acarició mis pechos medio escondidos entre mi larga melena negra. La apartó y esta vez llevó su boca hacia ellos, haciendo círculos con la punta de su lengua y trazando una línea desde un pezón hacia el otro sin parar, como si fueran el manjar mas delicioso que había probado en su vida.
Nos tumbamos sobre la mesa tirando todos mis apuntes y bolígrafos al suelo, pero eso no me importaba, lo mismo que no me importaba el hecho de que el resto de la sala nos pudiese estar mirando, es más, eso me excitaba sobremanera.
Ambos vaqueros desaparecieron de nuestros cuerpos como por arte de magia, lo mismo que nuestra ropa interior. Pude ver su sexo duro buscando la humedad de mi cuerpo, rogando por entrar en mi. Él subió sus manos pasándolas con delicadeza por debajo de mis brazos, agarrando mis hombros por detrás con fuerza a la vez que me penetraba, fundiendo ambos cuerpos en uno solo de una forma un tanto salvaje. Nuestras caderas empezaron a moverse agitadamente la una contra la otra en un movimiento perfectamente acompasado y voraz, saciando nuestros instintos más básicos, los cuales nunca imaginé que me llevaran a una situación como esta. Nuestra excitación estaba llegando al momento clave, por lo que dejé caer mi cabeza hacia atrás, cerré los ojos y dejé que me embargase un sentimiento de placer que no había sentido en toda mi vida consiguiendo que perdiese el sentido...
Cuando volví a abrir los ojos descubrí que el asiento del chico estaba vacío y yo estaba con la cabeza apoyada encima de los apuntes. Todo había sido un sueño, causa del sopor veraniego de aquella sala mal ventilada.
Cansada a la par que decepcionada me marché para mi casa sin dejar de pensar en que lo que había pasado con aquel hombre en la biblioteca, ¡no podían ser solo imaginaciones mías! Llegué a casa, hice la cena como si nada, leí un rato un libro y cuando empecé a desvestirme para ponerme el pijama una sonrisa apareció en mis labios al quitarme los pantalones, ¿la razón? Mis braguitas habían desaparecido.




