sábado, 21 de marzo de 2009

EMPACANDO MOMENTOS


Hace unos dias viví, por medio de una amiga, uno de los momentos más duros en una ruptura: el recoger los efectos personales de un piso compartido con tu pareja. Si ya es duro tener que afrontar una separación y que cada uno tire por su lado intentando superarlo lo mejor posible, esta situación es infinitamente más dolorosa aunque te acompañe alguien para no derrumbarte a cada paso.

El hecho de que su ex-pareja no se encontrase en el piso, no la hizo el tramite más sencillo. Te encuentras allí rodeada de todos los momentos y todos los sentimientos que iban surgiendo poco a poco y te preguntas porque tuvo que pasar y te cuestionas si tal vez hiciste todo lo que estuvo en tu mano para que esto no acabase así.

Rebuscas en cada rincón de la casa buscando tus cosas como si revolvieras las bolsas de basura de un vertedero y las encuentras junto a las de él, te vienen a la cabeza las anecdotas de cada pequeño objeto que hasta hacia unas semanas no le dabas importancia, pero ahora hacen que se te escape una pequeña sonrisa acompañada de una lagrima y una punzada en el corazón. Te das cuenta de los buenos momentos y eso te sumerge más en tu lamento y vuelves a preguntarte cosas que no tienen ya solución.

Miras sus cosas con los mismos ojos que recolectas las tuyas en una maleta, riendote porque te enfadabas por tener que recogerlo todo o porque siempre tiraba cosas por el medio de la habitación y tu andabas detrás como una madre recogiendolo. Las cosas que comprasteis juntos ya no te harán falta en tu nueva vida y prefieres sufrir solo por tus objetos personales y no por los que un dia fueron de los dos. Se los dejas a él con pena, con maldad y con esperanza: pena de no ser lo suficientemente fuerte como para llevartelos contigo, maldad para que se acuerde de lo que hizo porque fuisteis muy felices y esperanza de que los recuerdos que evoque cada objeto le hagan recapacitar y volvais a lo que erais lo mas prontamente posible y se acabe esta pesadilla.

Observas tambien los pequeños rincones que te trajeron buenos momentos y como una niña pequeña te niegas a tener que olvidarlo todo y tener que dejar atrás lo que en un tiempo fue vuestra ilusión y vuestras ganas de empezar algo juntos con alegria y miedo por encontraros cara a cara con un final como en el que ahora te encuentras.

Yo, que no era más que una mera observadora de las penurias de mi amiga, me sentia embargada por todo lo que estaba sufriendo y cada poco palabras de consuelo salian de mi boca, mientras las decia rogaba porque la ayudasen a dejar de llorar; pero cuando las escuchaba de mi propia voz notaba como no servian para nada porque no aliviaban pena alguna. Solo me quedaba la estupida funcion de abrazarla en silencio, besarla en la cabeza e intentar empacar las cosas lo mas rápido posible para que se alejase de ese infierno.

Una vez recogido todo, me marche al coche para darla unos momentos de intimidad y que pudiese despedirse de lo que un dia saludo como a un sueño y ahora dejaba a sus espaldas como una pesadilla.

A medida que vamos haciendonos más adultos, las relaciones se van complicando poco a poco, cada paso que das hacia delante te lleva a un nuevo puerto de dolor en el momento del final. Deberia de ser al revés, porque tu experiencia te deberia a ayudar a que estos momentos fuesen más llevaderos y ya estuvieses acostumbrada a lidiar asuntos feos, pero por desgracia es asi. Cada ruptura es diferente y conlleva consigo nuevas formas de dolor y eso, por mucha experiencia que se tenga, nadie se acostumbra.