sábado, 1 de noviembre de 2008

13-24


De camino al trabajo, al pasar por varios parques, miro con melancolía a los diferentes adolescentes que en él se encuentran. El grupo de chicos y chicas que intentan coquetear unos con otros, las primeras parejitas melosas mirandose con ojitos tiernos en un banco sentados y pienso: ¿Quién no recuerda con añoranza aquellos años en los que iba al instituto y le "molaba" aquel chico tan mono de su clase? ¿ El ridículo que hizo delante de aquel chico cuando se habia despeinado y nadie la dijo nada? ¿Quién no recuerda todo ese proceso de cortejo que llevaba hasta que conseguíste tu primer beso?


Aquellos años dulces en los que algo de inocencia nos quedaba en el cuerpo y lo máximo que anhelabamos era un beso de los labios de aquel amor platónico que no nos atreviamos a confesar a nadie, ni siquiera a nuestros mejores amigos para salvaguardarnos de las risas y comentarios de todos.


¿Cuánto hemos cambiado desde entonces?


Sólo hay que observar algo tan simple como nuestros objetivos. Antes, con 13 años (comprendase como una edad simbólica) nuestro objetivo era tener novio porque "molaba" y sólo mirabas que fuese guapo. Con 24 años si buscas novio (que ese ya podría ser un objetivo en sí, sin más "problemas" adicionales) quieres que te haga feliz por una serie de características que ha de tener (mucho más largas e importantes que la de: "estar bueno"), lo que va complicando el propósito.

Con 13 años lo que querías de un chico era que pasease contigo de la mano, que te besase, que te abrazase y que no se "sobrepasase" contigo metiendote mano hasta en el carné de identidad. Con 24 lo primordial es que haga esto último y lo de pasear de la mano queda en un plano bastante alejado.

Con 13 años tu mayor baza era tu amiga, que hablaba con el amigo del chico que te gustaba y conseguías enterarte de si él "quería rollo" o no contigo porque él se lo decia a su amigo, el amigo a tu amiga y tu amiga a ti (cabe destacar que algunas personas se han quedado atoradas en este limbo y siguen perfiriendo los intermediarios para algo que la madurez debería de exigirle como acto propio, pero no es así). Con 24 años pasas de intermediarios (si eres un poco lista) y decides tu mismo decir lo que nadie debería decir por ti (porque los intermediarios dicen cosas o tergiversan palabras que nunca han estado en tu boca y por consiguiente meten la pataza).

Con 13 años tu mayor preocupación al salir de fiesta era estar inmaculada, porque estar guapa no era suficiente para gustarle a aquel chico. Con 24 lo que más deseas cuando sales de fiesta es no emborracharte demasiado, además de para no tener una resaca de campeonato al día siguiente, principalmente para no estar tan ciega como para liarte o acostarte con un tio demasiado feo o para no hacer esto mismo con uno demasiado guapo que te "enamore" en una noche y terminar quedando como una estúpida porque se ha apoderado de ti esa sinceridad propia de los borrachos y has dicho algo que no debías(porque hay una cosa que normalmente aumenta con los años y es el sentido de la vergüenza, se agudiza. Aunque hay que decir que los que nacimos sin ella continuamos sin padecerla).

Con 13 años cuando lo dejabas con un novio, tu mayor propósito era el conseguir que te viese la siguiente vez de fiesta y de la mano de otro para que se diera cuenta de que no te importaba tanto como él se creia y que puedes encontrar otro en un abrir y cerrar de ojos; lo que los italianos llamarían "vendetta". Con 24 años te encantaría hacer esto pero sabes que hay que ser madura y controlarse (¡Aunque en el fondo te mueres de ganas de hacerlo!).

Y como ultimo ejemplo, y a mis ojos, el mejor de todos: con 13 años si te ponian los cuernos o "cortabais" lo pasabas super mal, pero al poco tiempo (un periodo que duraba de 10 a 15 días, si no era menos) conocias a otro chico super guapo y volvias a construir castillos en el aire como hiciste con el anterior. Con 24 años si te ocurre esto te sientes fatal y le das mil vueltas a lo mismo intentando dar respuesta a una pregunta que no tiene solucion.


En conclusión, podremos tener muchas más ventajas con 24 años como la experiencia, el conocimiento, el 6º sentido para ciertos temas, la madurez, el saber estar; pero también hay que admitir que con 13 años aunque había cosas malas, también teniamos menos responsabilidades y algo más importante: menos preocupaciones, que hacían nuestra vida más sencilla; estaba la aventura de lo desconocido, lo inexplorado, había sensaciones nuevas cada día, un beso de antes no sabía igual que un beso de ahora. Así que, ¿a quién no le gustaría aunque fuese por un sólo día volver a esos 13 años?




1 comentario:

Rubén dijo...

Quien pudiera volver a los trece años, pero ojo! a los 13 de ahora que son más listos que el hambre. Con 13 años yo era un panoli, pero ahora.........,
ayyyyy omá! jandemor!

un beso de tu rubio